Después de poco más de un mes de haber sido despedido, de pasar a engrosar las listas del paro, de sufrir un desengaño que me hizo replantearme la vida que llevaba y que me planteó la posibilidad de emigrar, el martes recibí una llamada de mi ex-jefe ofreciéndome el volver a mi antiguo puesto de trabajo.
Lo cierto es que fue una sorpresa bastante grande, sinceramente, no me lo esperaba, aunque el día que me echaron, me dijo que si surgía alguna posibilidad era la primera persona a la que iban a recurrir aquello me sonó a patraña. El caso es que lo hicieron y me llamaron. Ya tenía decidido emigrar e incluso tenía decidido el destino, pero, al estudiar fríamente la situación me he dado cuenta de que lo mejor es aceptar el trabajo y aguantar todo lo que pueda. Además, la decisión de irme estaba motivada por un cúmulo de circunstancias, al desaparecer la del desempleo ya no tenía mucho sentido el irme y no está la cosa como para andar desaprovechando oportunidades.
En definitiva, que ya no emigro y que el lunes vuelvo a mi antiguo puesto de trabajo, con los mismo compañeros (bueno, los que quedan) y realizando el mismo trabajo. La situación va a ser un poco rara para mi, pero el proceso de adaptación no va a ser necesario superarlo.
Después de llevar una vida bastante insulsa en los últimos años, en lo que llevamos de 2009 me han sucedido muchas cosas, o por lo menos han sido muy intensas y lo más importante de todo es que de todo lo que me ha sucedido, tanto lo bueno como lo malo, se sacan conclusiones muy importantes.
Hasta otra.